

Frutos rojos con crema de queso azul y muesli
Material Necesario
- Turmix
- Cazo
- Colador
- Bol
- Recipiente alargado
Ingredientes
Gelificado de fresa especiada
- 300 ml Leche
- 15 gr Menta liofilizada
- 100 gr Fresa
- 15 gr Pimienta rosa
- 50 gr Azúcar
- 15 gr/L Iota
Crema de queso azúl
- 100 gr Queso azúl
- 350 ml Leche
- 1 und Yema de huevo
- 50 gr Azúcar
- 10 gr Almidón de patata caliente
Mermelada de fresa y frambuesa
- 150 gr Fresas
- 100 gr Frambuesas
- 50 gr Azúcar
- 8 gr/L Goma garrofín
Polvo de regaliz
- 150 ml Aceite de girasol
- 80 gr Regaliz
- Maltodextrina
Cristales de fresa
- 20 gr Mermelada de fresa y frambuesa
- 50 gr Isomalt
Toques
- 4 und Moras
- 4 und Frambuesas
- 15 gr Muesli
- 4 und Arándanos deshidratados
Elaboración
Gelificado de fresa especiada
- Ponemos la leche con todos los ingredientes y calentamos. Al primer hervor retiramos del fuego, tapamos o filmamos la cazuela y dejamos infusionar mínimo 1 hora. Colamos la mezcla y le agregamos la iota, mezclamos con turmix y calentamos hasta que comience a hervir. La mezcla caliente la ponemos en un recipiente alargado de tal manera que tenga un dedo de grosor, dejamos gelificar en la nevera.
Crema de queso azul
- Calentamos la leche con el queso hasta que quede completamente integrado. Ponemos la yema con el azúcar en un bol aparte y mezclamos con varilla, agregamos la fécula de maíz y mezclamos todo. Agregamos la leche con el queso caliente poco a poco a la mezcla y vamos removiendo progresivamente para integrar bien todos los ingredientes. Volvemos a poner la mezcla en la cazuela y a fuego medio vamos removiendo hasta que comience a hervir, en ese momento comenzará a espesar. Sacamos del fuego y depositamos en un bol filmado a piel
Mermelada de fresa y frambuesa
- Ponemos las fresas picadas y las frambuesas con el azúcar en la cazuela y lo ponemos a fuego medio-bajo, dejamos que se vaya cocinando con su propio agua. Dejamos cocer lentamente por espacio de 1 hora y media removiendo regularmente. Colamos la mermelada sin apretar demasiado y una vez templado agregamos la goma garrofín, volvemos a calentar para hidratar bien la goma y reservamos.
Polvo de regaliz
- Infusionamos el regaliz en el aceite a 65 °C durante 2 horas, colamos el aceite. En un bol aparte ponemos dos cucharadas soperas de maltodextrina y añadimos en forma de hilo muy fino el aceite (una cucharada sopera) y mezclamos hasta que tenga textura de polvo.
Cristales de fresa
- Cogemos parte de la mermelada de fresa y frambuesa de la elaboración anterior, añadimos a un cazo el isomalt y un par de cucharadas de la mermelada y lo ponemos a calentar. Una vez derretido y mezclado por completo tendremos un caramelo muy flexible, sobre una placa de horno hacemos hilos del caramelo con ayuda de una cuchara y sacamos los hilos de caramelo una vez enfriado.
Toques
- Hacemos un rosco con la crema de queso, en el círculo interior ponemos el polvo de regaliz, el exterior con muesli y el gelificado de menta y fresa. Por último, distribuimos los frutos rojos, los cristales y la mermelada en un lateral.
El gelificado de fresa especiada experimenta una metamorfosis culinaria al fusionar fresas con un toque especiado, aportando una complejidad y profundidad de sabor que redefine por completo esta delicia. Esta combinación, fuera de lo convencional, destaca la creatividad en la cocina, ofreciendo una experiencia sensorial única.
La crema de queso azul, sofisticada y suave, eleva el perfil de sabor a nuevas alturas al mezclarla con yema, azúcar y fécula de maíz. Esta reinterpretación de la clásica crema de queso añade un toque elegante y refinado al postre, convirtiéndolo en una deliciosa indulgencia.
La mermelada de fresa y frambuesa, elaborada a fuego lento y con el uso estratégico de goma garrofín, demuestra un enfoque innovador en la creación de mermeladas. La textura resultante y su frescura son testigos de cómo los pequeños detalles pueden marcar una gran diferencia en el resultado final de los frutos rojos con crema de queso azul.
Además, el polvo de regaliz, con su infusión en aceite y transformación en polvo, refleja una audaz experimentación con sabores. Este toque aromático añade una dimensión completamente nueva al postre, desafiando las expectativas y sorprendiendo con su originalidad.
Los cristales de fresa, generados a partir de la mermelada, no solo aportan elegancia visual, sino también una textura crujiente que contrasta de manera intrigante con las otras capas del postre. Esta adición innovadora redefine la experiencia de cada bocado, creando una mezcla de sabores y sensaciones única.
Por último, la presentación moderna y sofisticada de estos frutos rojos con crema de queso azul refleja una atención meticulosa al detalle. La disposición cuidadosa de elementos, combinando colores, texturas y formas, crea un plato que va más allá de la estética tradicional de los postres.
Elaborar esta receta de frutos rojos con crema de queso azul se traduce en una experiencia culinaria
Exquisita fusión de sabores: La combinación única de fresa especiada en el gelificado y la suavidad del queso azul en la crema proporciona un equilibrio exquisito de sabores, llevando tu paladar a nuevas alturas de deleite gastronómico.
Innovación en la cocina: Esta receta no sigue los caminos tradicionales, sino que se aventura en la innovación culinaria. Desde la infusionación del regaliz hasta la creación de cristales de fresa, cada paso refleja una creatividad audaz y un enfoque moderno en la repostería.
Texturas que sorprenden: Los diferentes elementos, desde el gelificado hasta los cristales crujientes, aportan una variedad de texturas que sorprenderán y complacerán a tus sentidos. La experiencia táctil y gustativa se convierte en un viaje sensorial único.
Presentación sofisticada: Más allá del sabor, la presentación moderna y sofisticada eleva esta receta a una categoría gourmet. La atención meticulosa a los detalles en la disposición de elementos crea un plato no solo delicioso sino visualmente impactante.
Diversidad de capas y detalles: Cada capa de la receta, desde el gelificado hasta el polvo de regaliz, contribuye a la complejidad y profundidad del postre. Los pequeños detalles, como la mermelada y los toques finales, añaden riqueza a la experiencia global.


