▷ Gelatina de dos colores: receta de cocina molecular

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Gelatina de dos colores: receta de cocina molecular

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un plato de tartar de gambas y mango con gelatina de dos colores y aire de gamba

Tartar de gamba y mango

Álvaro Muñoz
En esta receta, el objetivo es unir dos preparaciones en una sola lámina, sin perder sus colores ni sus matices de sabor. Para lograrlo, utilizamos elastigel y goma xantana, dos ingredientes que ayudan a controlar la textura y que cumplen funciones distintas dentro de la elaboración.
Tiempo de preparación 35 minutos
Tiempo de cocción 20 minutos
Tiempo de elaboración 55 minutos
Raciones 4 personas
Calorias 110 kcal

Material Necesario

  • Batidora de mano
  • Colador de malla
  • Aro metálico

Ingredientes
  

Tartar de gambas

  • 300 gr Gamba arrocera

Caldo de gambas

  • Peladura de las gambas
  • 1 und Ajo
  • 1 cdta Pasta de tomate
  • ½ cdta Pimentón
  • 1 L agua

Gelatina de mango

  • 1 und Mango
  • 25 gr/kg Elastigel
  • Agua (doble del volumen del puré de mango)

Gelatina de gamba

Aire de gamba

Elaboración
 

Caldo de gambas

  • Pelamos las gambas y guardamos las cascaras por un lado y el cuerpo por otro.
    En una sartén o cazo sofreímos un ajo picado junto las peladuras de las gambas, añadimos la pasta de tomate y el pimentón y lo removemos brevemente.
  • Incorporamos un litro de agua y dejamos cocer a fuego medio-alto hasta que se evapore la mitad del líquido. Tapamos y dejamos reposar unos minutos.
    Colamos el caldo y dejamos que se enfríe antes de utilizarlo en las siguientes elaboraciones.

Gelatina de mango

  • Pelamos el mango, lo trituramos y colamos.
    Dividimos el puré de mango en dos recipientes. En uno de ellos, lo diluimos con el doble de su volumen de agua y añadimos el elastigel con una batidora de mano, siguiendo la dosificación indicada.
    Reservamos la mezcla.

Gelatina de gamba

  • Con el caldo de gambas ya frío o templado, hacemos lo mismo y lo dividimos en dos recipientes.
    En uno de ellos, ajustamos la textura con 2 g/kg de xantana y 25 g/kg de elastigel, utilizando una batidora de mano para integrar bien los ingredientes y conseguir una consistencia similar a la del puré de mango.
    Reservamos la otra mitad del caldo de gambas para elaborar el aire.

Gelatina de dos colores

  • Para elaborar las gelatinas de dos colores, calentamos por separado a fuego medio las mezclas de mango y gamba a las que hemos añadido el elastigel, sin dejar de remover.
  • Cuando estén calientes y presenten una textura más fluida, vertemos ambas mezclas simultáneamente sobre una placa de horno. Acto seguido, inclinamos la bandeja para que las mezclas resbalen y formen una fina capa de gelatina.
    Una vez gelificadas, cortamos círculos con un aro metálico.

Aire de gamba

  • Al caldo de gambas que hemos reservado le incorporamos la lecitina y la integramos con una batidora de mano. Utilizamos esta mezcla para montar el aire en el momento del emplatado.

Emplatado

  • Picamos las gambas y las aliñamos con aceite y sal.
  • En la base del plato colocamos un poco del puré de mango, ponemos el tartar de gambas. Lo rodeamos con el aire elaborado a partir del caldo de gambas y culminamos tapando el tartar con la gelatina de dos colores.

Notas

NOTA: Los tiempos de elaboración son orientativos y no incluyen posibles esperas adicionales para enfriar y estabilizar las preparaciones.
 
Nutriente por ración
Cantidad estimada
Grasas totales
1,8 g
Grasas saturadas
0,4 g
Hidratos de carbono
10 g
Azúcares
8 g
Proteínas
13 g
Fibra alimentaria
1,2 g
Sal
0,6 g
Imprimir la receta
keyword aire de gamba, elastigel, gamba arrocera, gelatina flexible, Goma Xantana, Lecitina de soja, mango

Gelatina de dos colores con elastigel: por qué elegir este gelificante

El Elastigel se incorpora a las dos bases para conseguir la estructura de la gelatina. La dosificación de referencia de esta receta es de 25 g por kilogramo de preparación.

Aquí conviene detenerse un momento. No todas las mezclas necesitan exactamente el mismo tratamiento. El puré de mango contiene sólidos propios de la fruta, mientras que el caldo de gamba tiene una proporción de agua mucho mayor. Por eso, aunque se utilice el mismo gelificante, el resultado puede variar.

Una vez incorporado el elastigel, se tritura la mezcla para distribuirlo bien y se calienta siguiendo las indicaciones de uso. El objetivo es conseguir una preparación fluida que pueda extenderse en una capa fina.

Y es precisamente en ese momento cuando hay que prestar atención. Si la mezcla empieza a perder fluidez antes de extenderla, trabajar con ella será más complicado. Si la lámina queda demasiado fina, puede romperse al cortarla. Un poco más de grosor puede facilitar la manipulación, aunque también cambiará la sensación final en boca.

Qué hace la goma xantana en la gelatina de dos colores

La goma xantana entra en juego en la preparación de gamba. Su función es ajustar la viscosidad del caldo para que su consistencia se aproxime a la del puré de mango.

¿Por qué necesitamos este ajuste? Porque dos líquidos con comportamientos muy distintos no siempre se extienden igual. Una base demasiado fluida puede desplazarse con facilidad, mientras que otra más espesa puede formar una capa irregular. Ajustar la viscosidad ayuda a trabajar con mayor control.

Eso no significa que la xantana sustituya al elastigel. Cada ingrediente tiene su cometido: la goma xantana modifica la consistencia de la mezcla y el elastigel interviene en la formación de la estructura gelificada. Tener clara esta diferencia evita errores de formulación y permite entender mejor el resultado.

Gelatina de dos colores de mango y gamba: el contraste también importa

Más allá de la textura, esta elaboración tiene una combinación de sabores que merece atención. El mango aporta dulzor y frescura; la gamba, un perfil marino más intenso. Cuando ambos aparecen en una misma lámina, el contraste visual acompaña al gastronómico.

Para la base de mango, interesa conseguir un puré fino y homogéneo. Triturar y colar la fruta ayuda a eliminar fibras que podrían dificultar la extensión. En el caso de la gamba, el caldo se prepara aprovechando las peladuras, una forma de extraer sabor y sacar más partido al producto.

Las dos mezclas se trabajan por separado y se vierten de manera coordinada sobre una superficie plana. Después se extienden hasta conseguir el grosor deseado. Una vez gelificada la preparación, se pueden cortar discos con un aro metálico y utilizarlos para cubrir el tartar.

El resultado no tiene por qué quedarse en una cuestión estética. La lámina aporta una textura distinta y permite presentar los sabores de otra manera, sin necesidad de añadir ingredientes que oculten el protagonismo de la gamba o del mango.

Cómo conseguir una gelatina flexible y uniforme

Si una gelatina no queda como esperabas, merece la pena revisar el proceso antes de modificar las cantidades. A veces el problema no está en el gelificante, sino en la composición de la base, en una dispersión deficiente o en el grosor de la lámina.

En una gelatina de dos colores, además, hay que observar cómo se comportan las dos preparaciones entre sí. La temperatura influye en su fluidez durante la extensión, y el tiempo de trabajo puede marcar la diferencia entre una superficie uniforme y otra con zonas irregulares.

Nuestra recomendación es realizar una prueba pequeña antes de preparar todas las raciones. Permite comprobar la flexibilidad, valorar si la lámina se corta correctamente y ajustar la formulación sin desperdiciar producto. En un entorno profesional, registrar las cantidades y las condiciones de elaboración también facilita repetir el resultado.

Elastigel y cocina molecular: más posibilidades para una misma técnica

El interés de esta gelatina de dos colores está en cómo se combinan las propiedades de los ingredientes para conseguir un resultado concreto. El Elastigel permite trabajar la estructura gelificada y la goma xantana ayuda a controlar la consistencia de la base de gamba.

A partir de aquí, las posibilidades dependen de la formulación. Se pueden explorar otras combinaciones de colores y sabores, siempre adaptando las cantidades a cada preparación y comprobando su comportamiento antes del servicio.

La cocina molecular tiene mucho de prueba, observación y ajuste. No siempre sale perfecto a la primera, y ahí está parte de su interés: entender qué ocurre en cada elaboración para poder corregirlo.

Cuando la técnica está bien aplicada, el resultado se nota sin necesidad de explicarlo demasiado. La textura funciona, los sabores siguen presentes y la presentación tiene sentido dentro del plato. Esa es la diferencia entre utilizar un ingrediente por curiosidad y saber realmente qué puede aportar a una receta.

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