

Lubina con piquillos y jugo de puerros
Material Necesario
- Cazo
- Sartén
Ingredientes
- 1 und Lubina (450 gr aproximadamente)
- 3 und Puerros
- 8 und Pimientos de piquillo crudo
- Aceite de oliva
- 1 gr/L Ácido cítrico
- 45 gr/L Kuzu
Elaboración
Lubina
- Limpiamos, desespinamos y deslomamos la lubina. Cortamos a la mitad el lomo obteniendo 4 raciones.
- Mezclamos la leche con el ácido cítrico y calentamos hasta hervor, mantenemos a fuego bajo 15 minutos y apartamos del fuego. Una vez reposado la leche se cortará, generando caseína y suero de leche. Colamos para obtener el suero.
- Con el suero líquido, maceramos los lomos de pescado en el suero 1 hora.
Pimientos de piquillo
- Quemamos la piel del piquillo para limpiarlo, le quitamos el rabo y las pepitas guardando estas últimas para el caldo. Confitamos los pimientos.
Salsa de puerros
- Tostamos bastante los puerros en el horno. En una cazuela colocamos las pepitas de piquillo y las tostamos, agregamos los puerros tostados y cubrimos de agua. Cocemos 2 horas.
- Colamos, ponemos a punto de sal y agregamos el kuzu según dosis, volvemos a subir a hervor para espesar la salsa.
Emplatado
- Planchamos la lubina primero por la parte de la piel y ponemos a punto de sal, colocamos los pimientos en la base y salseamos.
Vídeo
Notas
| Nutriente | Cantidad |
|---|---|
| Calorías | 312 kcal |
| Proteínas | 32 g |
| Grasas totales | 16 g |
| Grasas saturadas | 3 g |
| Hidratos de carbono | 9 g |
| Azúcares | 3 g |
| Fibra | 2 g |
| Sodio | 0.7 g |
| Calcio | 55 mg |
| Hierro | 1.3 mg |
En esta receta de lubina con piquillos y jugo de puerros nada sobra. Nada está puesto por capricho. Cada paso, cada textura, cada color, tiene su porqué. Y al final, cuando lo pruebas, sientes ese punto de equilibrio que solo se consigue cuando la técnica y el buen hacer van de la mano.
El toque más especial llega con dos gestos sencillos, pero cargados de intención: macerar la lubina en suero de leche, que la vuelve casi mantequillosa, y usar kuzu para espesar la salsa, regalándole una textura suave, elegante y brillante.
El protagonismo de la lubina: frescura y textura mediterránea
La lubina es uno de esos ingredientes que no necesitan demasiadas palabras. Fresca, limpia, con su carne blanca y su piel firme, lo tiene todo. Pero para sacarle lo mejor, hay que entenderla.
La maceración en suero de leche es un truco que no se nota a simple vista, pero marca la diferencia. El ácido del suero suaviza el pescado. Y cuando luego pasa por la plancha, la piel queda crujiente y el interior, tierno y jugoso, con ese sabor a mar que no sobresale del resto de ingredientes.
Es como si el suero le quitara las asperezas y le diera una segunda vida. Un pescado más amable, más redondo. En boca, se deshace con elegancia.
Los piquillos: dulzura y color que enamoran
Hay ingredientes que conquistan por su sencillez. Los pimientos de piquillo son uno de ellos. Su color, su dulzura natural, su aroma ligeramente ahumado… todo encaja.
Cuando se confitan despacio, el tiempo los transforma. Se vuelven suaves, sedosos, y esa dulzura se acentúa hasta volverse irresistible. Colocados bajo la lubina, no solo aportan color, sino una calidez que envuelve.
No son un simple acompañamiento: son el abrazo dulce y sedoso que equilibra el sabor del mar.
El kuzu: el toque invisible que marca la diferencia
Pocos ingredientes sorprenden tanto como el kuzu. Es de esas cosas que parecen pequeñas, pero cambian un plato por completo.
Cuando se añade al jugo de puerros, el kuzu no solo espesa: transforma. La salsa gana brillo, suavidad, una textura que parece acariciar. No domina, no cambia el sabor; simplemente lo viste con elegancia.
Mientras otros espesantes enturbian o apagan los matices, el kuzu hace justo lo contrario: deja que el sabor del puerro tostado y las pepitas de piquillo se expresen con claridad. Es un toque de sutileza, casi imperceptible, pero esencial.
Kuzu
En la cocina el kuzu se presenta como un buen espesante, ofrece una textura suave, sin grumos y gelatinosa. Además, no aporta ningún sabor a las salsas y no contiene gluten.
El suero de leche: ternura y ciencia en una misma idea
Hay algo poético en usar suero de leche para tratar un pescado. Es un gesto simple, casi humilde, pero con una lógica perfecta.
El ácido láctico del suero actúa suavemente sobre la carne, eliminando el olor fuerte y dejando una textura que casi se deshace. Es una técnica que parece de laboratorio, pero tiene algo profundamente humano: cuidar el producto, sin forzarlo.
Y cuando pruebas la lubina tras la maceración, lo notas enseguida. No hay rastro de dureza, ni ese gusto metálico del pescado. Solo una carne blanca, tierna, que se siente viva, limpia y delicada.
El jugo de puerros: el alma del plato
El jugo de puerros es, probablemente, el hilo conductor de toda la receta. Nace del fuego y de la paciencia. Se tuestan los puerros, se mezclan con las pepitas de piquillo tostadas, se cuecen a fuego bajo… y poco a poco el agua se convierte en una esencia profunda y aromática.
El resultado es una salsa con alma vegetal, dulce pero con un fondo tostado que recuerda al humo (incluso a palomitas). Y cuando entra en escena el kuzu, el milagro se completa: la textura se vuelve sedosa, casi líquida, pero con cuerpo.
Un plato que respira equilibrio
Visualmente, la lubina con piquillos y jugo de puerros es una pintura en tonos cálidos. La piel dorada del pescado, el rojo intenso de los piquillos y el brillo de la salsa crean una composición que invita a mirar antes de probar.
Y cuando llega el momento de probar, la experiencia es redonda. Lo crujiente se mezcla con lo tierno, lo dulce con lo salado, lo vegetal con lo marino. Es equilibrio en estado puro.
Cocina mediterránea moderna: cuando la tradición evoluciona
Este plato es el ejemplo perfecto de lo que debería ser la cocina mediterránea actual: natural, técnica y consciente.
El uso del kuzu y del suero de leche demuestra que la innovación no siempre está en lo exótico, sino en los pequeños gestos que mejoran lo esencial. No se trata de cambiar la tradición, sino de entenderla mejor.



